Ya lo dijo Cristian Castro: La vida es maravillosa cuando una tiene el azul.

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Estoy de vuelta, no pensé que tanta gente iba a entrar al blog inclusive sin actualizarlo durante bastante tiempo, visto y considerando eso, acá estoy nuevamente a pedido del público (?) 

La vida es una cagada, esto no es novedad, podría numerar la infinidad de situaciones horribles con las que tenemos que lidiar diariamente, desde las empanadas con pasas de uvas hasta la posible inmortalidad de Mirtha Legrand, encontramos cosas escalofriantes por doquier sin tener que hacer ningún esfuerzo.

Ahora… cuando una tiene el blue, el panorama cambia DRÁSTICAMENTE:

La vida es mágica, bella, maravillosa, prístina. PERFECTA.

Para los jugadores de League of Legends no es ninguna noticia que tener el buffo blue es la sensación más gratificante del mundo, pero para los que nunca jugaron se los explico resumidamente, es un efecto temporal del juego que te da muchísima ventaja con respecto a los jugadores que no lo tienen; podés utilizar tus “poderes” con más frecuencia y se regenera la “energía” (maná) necesaria poder hacerlo. PRECIOSO.

¡¿Por qué carajo en la vida real no hay tal cosa como el blue buff?!

Que de repente podamos matar a un golem ancestral y que durante 3 minutos un par de horas, las cosas nos resulten increíblemente fáciles y gratificantes. Que la vecina chusma del 3º te salude brevemente, sin tenerte media hora hablando sobre lo caro que está el pan, pese a que el gobierno en teoría reguló el precio. Que tu madre se acuerde por una puta vez que odiás la cebolla y que no importa qué tan chiquitita la corte o cuan condimentada esté la comida, podés detectar ese apestoso sabor a kilómetros de distancia. Que tu novia salga de shopping con sus amigas en lugar de arrastrarte a vos, y pague con su propio sueldo y no con tu tarjeta de crédito. Que tu chico te devuelva la sesión de oral sin tener ni siquiera que insinuarlo. Que tu hermana deje de robarte las medias porque la muy pajera no puso a lavar las suyas y no tiene un puto par limpio. Que el correo no pierda las cartas o te haga ir a buscar las encomiendas a la loma del orto porque el pelotudo del cartero no quiso dejárselas a la empleada (por miedo a que se la afane, seguro). Que tu suegra ni piense en esbozar una sonrisa de triunfo cuando tu marido come sus milanesas con una cara orgásmica, o mejor, ¡QUE TUS MILANESAS SEAN MÁS RICAS QUE LAS DE ELLA!

Sí, son boludeces, pero tienen que admitirlo, sería utópicamente sublime que eso pasara.

Así que ya saben, busquenle el lado blue a la vida, y por sobre todas las cosas, mi queridos junglas y mids, si su amada support les pide el azul cada tanto, no sean soretes y háganla feliz durante unos tres minutitos que ella sabrá recompensarlos curándolos y defendiéndolos sin descanso.

P.D: Un saludo muy especial a Fer que no sólo me da el azul cada vez que puede y sin tener que pedírselo, sino que con sus charlas me pone en estado blue en la vida real 🙂

El día que hice llorar a un nene de 13 años.

ADVERTENCIA: Si nunca jugaste online, quizás no entiendas gran parte del contenido de este post.

Lux y Sona

Hay una frase muy famosa que dice “si quieres conocer realmente a un hombre, dale poder”, la mejor versión en mi caso sería “Si querés conocer realmente a alguien, jugá online con él y fijate qué pasa cuando van perdiendo”.

Cualquiera que haya jugando conmigo una partida de League of Legends (juego online de género MOBA) sabe que es mejor hacerme caso, o voy a hacer de su existencia un infierno cada segundo que dure la partida. Así de simple. En la vida real soy una persona tierna, dulce, encantad…BUENO, NO, pero definitivamente no soy ni remotamente tan hija de puta como cuando estoy jugando al LoL. ¿Por qué? No sé, debería charlarlo con mi psicóloga: instintos competitivos, baja tolerancia a la estupidez, tendencia nata al liderazgo. Aparentemente vamos a tener unas cuantas sesiones para entretenernos, pero lo cierto es que ese juego del demonio saca lo mejor y lo peor de mí. Sobre todo lo peor.

Jugando LoL conocí gente maravillosa, a algunos a pesar de vivir a miles de kilómetros, los quiero inclusive mucho más que la mayoría de la gente que frecuento de toda la vida (Luis, Eli, Mike, estoy hablando de ustedes, no hace falta que lo diga, ¿no?).

Uno de mis “cyber-amigos-loleros” más queridos es Pablo. Pablito tiene 13 años, vive en España y es lejos el niño más adorable que puedan conocer en su vida: Respetuoso, super aplicado con los estudios, atento, con una voz y acento divinos, tan tierno que hasta le dan miedo los animes de terror. Estar en el mismo equipo con Pablo es un placer, pertenece a esta generación en la que los juegos se les dan tan bien que una siente que podrían rescatar a la Princesa Peach en media hora. Es el hermanito menor que nunca tuve, y yo para él la hermana mayor con la que finalmente se lleva bien (probablemente porque no vivimos en la misma casa) así que decidimos cagarnos en la genética que nos separó y auto-proclamarnos hermanos. No sé si será porque mi familia es asquerosamente disfuncional o por lo maravilloso que es él, pero de mis hermanos es, sin dudarlo ni un segundo, el que más quiero.

Un día como cualquier otro nos encontramos cinco amigos a jugar, todo bastante normal, buena composición de equipo, conferencia en Skype para poder coordinar bien las jugadas, nada podía salir mal… hasta que Pablito le armó de primer ítem a Lux “Liandry’s Torment”. Más allá del debate que se pueda generar sobre si es un buen ítem para ese campeón, todos sabemos que lo primero que nuestra querida dama de luz necesita es MANÁ, en cantidades industriales. Me da una vergüenza infinita recordar la rudeza con la que le hablé ese día, olvidé por completo no únicamente que el LoL es sólo un juego, sino también que Pabli tiene apenas 13 años. Después de soportarme gritándole durante media hora, no pudo más y rompió en llanto, desconsolado, prácticamente suplicando perdón ante tal atrocidad cometida. No mató accidentalmente a mi gato, no me manchó mi remera favorita con lavandina ni me gastó todas las vidas del Candy Crush (¡menos mal, ahí sí se pudría todo!) sólo compró un ítem equivocado en un juego online.

Nunca más voy a poder presentarme ante alguien diciendo que soy una buena persona, no me van a alcanzar el resto de mis días para pedirle perdón (aunque se canse de responderme que no tuvo ninguna importancia), la culpa por lo acontecido va a perseguirme hasta el final de mi existencia, pero por sobre todas las cosas y sin importar cuánto insista en costearle el terapeuta, Pablo no va a volver a ir nunca más Lux MID mientras yo esté en el mismo equipo.