Llevando las redes sociales al extremo

Esto de las redes sociales en Internet se nos está yendo de las manos.

Los lectores promedio de este blog seguramente tengan Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest y posiblemente Google+ (aunque este último todavía resulta tan poco útil que si alguna vez matara a alguien, sería el sitio donde escondería su cadáver, no lo encontrarían jamás) los adictos más modernos probablemente tengan Foursquare también, o sea que de alguna forma saben de qué estoy hablando. Sitios webs donde te comunicás con gente,  las modalidades son diferentes entre sí, en Facebook seguramente tengan como “Amigos” a gente que conocen, aunque esa palabra por lo general les suele quedar grande. En Twitter la premisa más o menos es interactuar con un montón de desconocidos que están tan al pedo como vos. Y así cada una con su temática particular, pero a gran escala sirve para lo mismo, conectarse con otros seres humanos.

El (mal) uso de las redes sociales merece todo un post aparate, que prometo escribir en algún momento, hoy de lo que vengo a hablar es de las redes sociales llevadas al extremo, y no me refiero a los locos que crearon una red social para gatos, porque más allá que nos caguemos de risa sabemos que como idea de negocio es fabulosa y nos da bronca no haber sido nosotros los primeros en pensarlo, estoy hablando de algo mucho más creepy y específico. Sí, MÁS CREEPY que lo de los michis.

La mayoría de ustedes a menos alguna vez en su vida usaron Mercado Libre. La idea es simple y funcional, buscás un objeto X que alguien previamente publicó, clickeás “comprar”, concretás con el vendedor la entrega, le pagás y listo. Una maravilla.

Algunos dicen que es llevar la comodidad humana hacia un nuevo nivel (negativo), perdiendo la esencia de las ferias comerciales de antaño, ya que, entre otras cosas, no hace falta caminar para adquirir un producto, te lo envían a tu casa, perdiendo así el contacto humano y bastardeando profesiones de venta específica, bla bla bla. Un montón de boludeces provenientes de una persona que, quiero creer, no hace sus compras jamás en un hipermercado sino que va específicamente a la carnicería, pescadería, verdulería, ferretería, etc. Bullshit. La modernidad llegó para quedarse y sólo sobrevive el que pueda adaptarse a eso.

Evidentemente yo me topé con un tipo que no se terminó de aclimatar.

El caballero en cuestión me compró mediante esa plataforma unos DVD’S de una conocida serie de televisión. La venta demoró en concretarse, si bien se contactó conmigo al instante, la cantidad de mails que intercambiamos desde ese momento ya debería haberla tomado como una señal de lo que ocurriría después.

Los mails eran demasiado informales pero como yo tampoco soy una persona muy seria no fue algo que me llamara la atención particularmente, en mi mente el chico sólo estaba siendo amable. Lo que vino después escapa de los parámetros de informalidad, en nuestra primera charla telefónica, luego de establecer un día para la entrega del producto, sorpresivamente me preguntó “¿Qué hacías?”. Algo debe andar muy mal en mí porque honestamente no me escandalizó la pregunta, tal vez porque estaba en un bar celebrando la despedida de un amigo y el ambiente estaba bastante distendido como para que me pusiera a pensar en eso, sólo atiné a responderle, pensando que iba a quedar ahí la cosa, y luego amagué a despedirme. ERROR. La conversación no había finalizado para él, muy suelto y campante me contó a qué se dedicaba y  con tanta buena suerte que resultó ser algo super interesante para mí por ende la charla se prolongó un poco más.

Volví a la mesa, mis amigos completamente desconcertados, supongo yo por los fragmentos de conversación que pueden haber llegado a escuchar, me preguntaron con quién carajo hablaba. No había forma coherente de explicarlo y tampoco lo intenté, el tema de la noche era otro así que afortunadamente lo dejaron pasar.

El día que concretamos la operación estuvo plagado de mensajes de texto raros, si bien el objetivo era coordinar el lugar de encuentro, contenían demasiada información y cordialidad. Pero bueno, el asunto ya se terminaba, al encontrarnos me saludó cual amigo que te conoce de toda la vida, preguntó por mi día, me contó un problema que acababa de tener en el laburo y recién a los 15 minutos se acordó por qué estaba yo ahí, preguntó por qué los vendía y le comenté que en realidad los tenía repetidos, que dada mi colección de películas tuve en algún momento puntos acumulados para canjear y que lo más decente del catálogo era eso. ¿¡PARA QUÉ LE DIJE DE VIDEOTECA!? Una hora reloj charlando sobre cine.

Me invitó a salir el sábado. Acepté. ¡Bueno che, le gusta el cine y creo que no lo mencioné antes pero… está re bueno!

¿Alguno quiere ser mi “amigo” en Mercado Libre?

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