Los testículos como sinónimo de maldad.

Desde el mismísimo momento en que mi gato abrió los ojos, se convirtió en el ser más malvado sobre la faz de la Tierra.

¿Por qué? Nadie lo sabe, al haberlo encontrado prácticamente recién nacido tuve que darle de comer leche con crema y huevo cada dos horas, día y noche, durante al menos tres semanas, obviamente dejé mi trabajo (muy bien pago) para poder hacerlo. La Madre Teresa un poroto al lado mío. Un ejemplo de maternidad digno de ser reconocido por la ONU… ¿La ONU se preocupa por los gatitos bebés desnutridos? ¿no? ¡qué soretes! bueno, no importa, el punto es que dejé todo mi tiempo, esfuerzo y dinero para que ese proyecto de felino sobreviva. ¿Cómo me lo pagó? Apenas empezó a caminar no dudó ni un instante en demostrar de quién era la casa y cada objeto contenido en ella, parecía esos maniáticos que rotulan todo para denotar su propiedad, Tango hacía lo mismo, pero con sus garras.

Perdí la cuenta de la cantidad de veces que me preguntaron casi en shock: “¡¿Qué te pasó?!” al verme llegar llena de arañazos, parecía como si me hubiera peleado con Wolverine por el último pedazo de chocolate del Universo. “Mi gato” era la respuesta por default, comenzaron a preguntarse qué carajo le hacía al pobre animalito de Dios para que se enojara tanto, ¿intentaba ponerle un vestidito cual vedettonga barata a su perro-rata-miniatura? ¿le daba de comer mondongo? ¿lo hacía escuchar la discografía de Flavia Palmiero? No. NADA. No hacía falta hacerle absolutamente nada.

Afortunadamente tengo testigos de las situaciones más inverosímiles que cualquiera pueda imaginar con un minino. Sin ir más lejos, uno de sus pasatiempos favoritos era venir corriendo desde la otra punta del departamento, arañarme rápidamente la cara y volver a correr antes de que me diera cuenta de qué pasó. Obra de Satán, gato poseído, no existe otra explicación.

Con el correr de los días sus planes maquiavélicos se tornaron más complejos, ¿exagero? escuchen esto: era obligación para mí saludarlo apenas entraba en mi domicilio, el único día que no respeté esa regla -por correr para atender el teléfono- el caballero, aprovechando lo entretenida que estaba con la charla, se fue sigilosamente, levantó la patita y meó la computadora. Jamás volvió a funcionar.

¿Que por qué no lo maté? No sé, no tengo idea, bueno, sí sé, porque lo amaba, lo amo y lo amaré hasta el final de mis días. Las mujeres somos así, ¿vio? mientras peor nos tratan más fieles, amorosas y felices somos -Esperen un segundo, me está llamando Male Pichot en la otra línea- ¿qué les decía? Ah, sí, el bicho era un sorete, pero lo quería y su complejo de Carlos Monzón no me parecía tan grave en ese momento.

Comenzó a ser relevante cuando entró en la “adolescencia” y su nuevo hobbie fue “marcar territorio” en cada rincón que podía. GATO PUTO, ¡VIVÍAMOS EN UN MONOAMBIENTE, ¿QUÉ TANTO NECESITABAS MEAR PARA ESTABLECER QUE ERA TUYO?! En fin, era imposible entrar a mi casa sin que el olor a pis violara salvajemente tu sentido del olfato. Mi miseria estaba completa.

Leyendo en internet y charlando con otros dueños, insistían en que castrándolo la mayoría de esos inconvenientes se iban a solucionar. ¿Qué quieren que les diga? No sólo me parecía una crueldad cortarle las pelotas a “mi hijo” sino que tampoco estaba convencida de que ese simple hecho pudiera hacer que mi pequeño Lucifer se convierta en un ser de luz. Me sonaba a publicidad de Sprayette. No, no tenía ningún sentido.

No sé muy bien cómo pasó, tal vez porque estaba por mudarme a una nueva casa y la mínima posibilidad de que ese nauseabundo aroma no se trasladara conmigo me sonaba casi a un milagro, o quizás porque nunca me pareció del todo coherente eso de que las madres amenacen: – “¡Si volvés a hacer esto, te corto las pelotas!” y no lo cumplan, la cuestión es que lo castré. Bueno, yo no, lo llevé a una amable veterinaria que en una hora me devolvió a mi pequeño retoño sin pelotas.

No existen suficientes velas en este mundo para prenderle a esa Doctora, para mí, esa mujer definitivamente es un ángel.

Tanguito no sólo no volvió a pillarme las paredes, sino que se convirtió en gato más adorable que conocí en toda mi vida. Jamás volvió a rasguñarme, no para ni un segundo de buscar mimos, ante las tareas que antes eran titánicas, como ponerle la pipeta o cepillarlo para sacarle el excedente de pelos, no se resiste para nada y hasta parece disfrutarlas. Ni hablemos de que lo llamo y viene a abrazarme inmediatamente, como si fuera un perro pero sin toda la baba y el ruido. No, no estoy loca, mi gato me abraza, algún día voy a filmarlo para que dejen de cagarse de risa, putos.

¿Qué quieren que les diga? Para mí hay dos posibilidades: La veterinaria tenía un postgrado en hipnosis del que nunca me habló o los testículos son los órganos que el demonio les otorgó a los machos para que hagan de este mundo un lugar horrible, cruel, violento y por sobre todas las cosas muy apestoso.

Ya lo saben, si sus novios gatos tienen como pasatiempo agredirlas y dejar la casa hecha un completo desastre ¡CÓRTENLE LAS PELOTAS! Su integridad física, su salud mental, y sobre todo las fosas nasales de sus visitas, se lo van a agradecer.

¿Así que querés barrer? Mhmhmh creo que este es lugar más cómodo en toda la casa para dormir una siesta justo ahora.

“¿Así que querés barrer? Mhmhmh es hora de tomar mi quinta siesta y pienso que ahora mismo este es el lugar más cómodo en toda la casa”.

 

 

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