¿Viajes místicos de autoconocimiento? No, gracias, tengo StumbleUpon.

Seamos sinceros, todos sabemos que internet es enoooorme, llena de información y cosas maravillosas para ofrecernos, todo lo que podamos desear a unos cuantos clicks de distancia: la receta de la salsa “secreta” del Big Mac, objetos de joyería con estética gótica, las típicas fotos de perros divertidas, pero… siempre terminamos visitando las mismas páginas, ¿cómo es esto posible?

Nadie va a ponerse a googlear fotos de perros, a menos que seas mi tía Betty, a juzgar por la cantidad de veces que las comparte en las redes sociales, seguramente las busca y selecciona personalmente, pero nosotros, la “gente normal”, no hacemos esas pavadas, somos gente seria que usa internet para… bueno, no queda muy claro para qué, pero para las fotitos de canes meneando la cola NO.

Para acercarnos a los simples mortales, que no la tenemos tan clara como mi tía, toda esta increíble e innecesaria información es que se creó StumbleUpon, con sólo registrarte y tildar cuáles son tus intereses (la cantidad para seleccionar es abrumadora) accedés a contenido que jamás hubieras encontrado por tu cuenta con sólo hacer un click, ¡MAGIA!

El detalle en todo este maravilloso sistema es que a StumbleUpon lo vas educando vos para que progresivamente aumenten las chances de linkearte a páginas de tu interés, cada vez que te redirige a una web que te gusta el procedimiento  ideal es darle “like” para que el sistema entienda que ese contenido es de tu agrado, los pasos son los mismos pero clickeando en el símbolo de “dislike” cuando lo que te mostró no te interesó en lo absoluto.

Acá es cuando comienza la  paranoia  magia real, pasada cierta cantidad de tiempo que usás el servicio, es decir, que lo fuiste entrenando, es muy difícil que te redireccione a una página que no termines adorando. Ya sé, te parece una genialidad, ya le prendiste una velita al creador y todo pero… ¡¿NADIE SE PUSO A PENSAR EN CUÁNTO TERMINA CONOCIÉNDONOS?! estamos tan acostumbrados a que la red sea parte de nuestra vida diaria que alguien crea un algoritmo que en poco tiempo descubre exactamente quiénes somos y en lugar de alarmarnos le festejamos su revolucionaria idea.

No, no voy a dejar de usarlo porque al igual que a todos ustedes me encanta que siempre tenga la página indicada para mí (inclusive el porno que me sugiere termina siendo totalmente de mi agrado) pero cuando nos vengan a conquistar los extraterrestres de Saturno y tengamos la sensación de que sabían exactamente cómo convertirnos en sus súbditos, tengan por seguro que fue esa organización diabólica llamada StumbleUpon la que les dio la información. ¡Después no digan que yo no les avisé!

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